Mayra la noche que falleció.

Horas antes de que Mayra Rodríguez fue asesinada a disparos, temprano por la mañana el 6 de diciembre, de 2015, la joven de 19 años llevó aparte a su prima, Dasie Rodríguez. Fue el 5 de diciembre, de 2015, y las primas y su mejor amiga, Cindy García, estaban emocionadas por ir esa noche a una fiesta en una casa en el noreste de Reno, Nevada. Hacía tiempo que no habían salido. Mayra, una estudiante universitaria en su segundo año, quien generalmente preferiría un vestuario casual, optó esa noche por un vestido de color crema con cordones. Con su cabello largo y oscuro, Mayra dijo que se sentía como Sacagawea.

"Me estaba abrazando y me estaba diciendo: 'Te quiero tanto'. Y se sintió diferente... Fue muy extraño", cuenta Dasie, quien también tiene 19 años. "Me dijo: 'Te aprecio'. Y surgió de la nada".

En la fiesta, Rodríguez dice que ella y García fueron al baño por unos dos minutos cuando ocurrió.

"Estaba abriendo la puerta y había tanta gente congregada alrededor del baño", dice Rodríguez. "Alguien dijo: 'Es Mayra' ". Rodríguez cuenta cómo encontró a su prima en el piso con una herida de bala en su espalda. Corrió hacia Mayra, y acunaba su cabeza mientras le hablaba, pero Mayra no respondió.

Related from Vivala: What Happens When Your Family Is Torn Apart by Deportation

Mayra con amigas la noche que falleció.

Según el Departamento de Policía de Reno, el tiroteo ocurrió sobre la 1:30 de la mañana. La policía dice que antes varias personas no invitadas habían llegado a la fiesta y se les pidió que se fueran. Uno o más de ellos volvió a la fiesta poco después y comenzó a disparar desde afuera.

La historia trágica de la muerte de Mayra por violencia con armas en Estados Unidos es solo una de muchas. Es un problema nacional serio y es objeto de un debate intenso entre los que exigen control de armas y los que defienden su derecho a portar armas.

La conversación sobre la violencia con armas y las formas de evitarla se ha magnificado en años recientes mientras que un sinfín de tiroteos masivos azotan el país. Las tragedias en Newtown, Connecticut; Charleston, Carolina del Sur; y más recientemente en San Bernardino, California, son solo algunas.

Hubo un total de 406.496 muertes de estadounidenses por armas en territorio de Estados Unidos de 2001 a 2013, según CNN. Esa cifra, que se compara con tan solo 3.380 muertes de estadounidenses por terrorismo, viene de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y del Departamento del Estado de EE. UU, y cubre todas las formas de muerte, incluyendo homicidio, accidentes y suicidio.

Los estadounidenses tienen 20 veces más probabilidades de ser asesinados por una pistola que personas en otros países desarrollados, según Everytown for Gun Safety, un movimiento que tiene como objetivo poner fin a la violencia con armas y crear comunidades más seguras.

"Todo está fuera de control", comenta Rodríguez. "Lo loco es que hay muchas personas que están obteniendo armas. Personas malas. Cualquier persona puede obtener un arma ahora y es terrible... especialmente gente joven".

Después de que se limpien las escenas del crimen y se entierren las víctimas, quedan las familias en luto, como la de Mayra, que están luchando para sobrellevar la tragedia.

Primas Mayra Rodríguez (izquierda) y Daisie Rodríguez.

Related From Vivala: Latino Families Affected By Gun Violence Speak Out

Adriana Rodríguez dice que su mundo trascurrió en un instante ante sus ojos cuando le contaron que su hermana menor — a quien llamaba con cariño Mayrita — fue asesinada.

"No lo creía y no lo podía creer que hasta que fui a la casa de mi papá", dice Rodríguez, de 26 años, quien asumió el papel de una figura materna para Mayra y sus hermanos menores años antes cuando su madre abandonó a la familia.

Rodríguez, quien vive en Reno, dijo que halló a su padre en la cama de Mayra, meciéndose envuelto en uno de los suéteres de Mayra. "¡Mi chiquita, no!", gritaba.

"Es muy duro no tenerla aquí porque ella es la persona a quien llamaba si algo bueno ocurriera, o si algo malo ocurriera", cuenta.

La violencia con armas no es algo a la que la familia estaba acostumbrada. Su padre, explica Rodríguez, procuró que ella y sus hermanos no tuvieran que saber de esos problemas.

"Creo que la gente puede portar armas de forma responsable, pero siempre hay los que buscan atajos y este es el resultado", afirma. "Las armas son peligrosas aún si eres muy responsable ... terminan en las manos equivocadas con demasiada frecuencia".

Aún no han detenido a nadie en este caso, por lo que no ha habido un sentido de cierre para la familia de Mayra.

"El hecho de saber que la persona que lo hizo está libre es desgarrador, porque esa persona, sea quien sea, está viviendo su vida... y la buena persona ya no está aquí", dice Dasie. "Es desgarrador para toda mi familia".






El último cumpleaños de Joselyn con su padre.

Al otro lado del país, en Nueva York, la actriz de 39 años, Joselyn Martínez, puede recordar claramente el día en que su padre, José Martínez, fue disparado a muerte fuera de su restaurante dominicano en el barrio de Washington Heights de Manhattan.

Fue un sábado por la noche a finales de noviembre de 1986, y Martínez, quien tenía 9 años, escuchó a su abuela recibir la noticia por teléfono. La mañana siguiente, Martínez se despertó a sollozos y lamentos.

"Escuché la voz de mi madre, pero estaba ronca. Era un sonido que jamás había escuchado. Agarré fuerte a mi osito de peluche ... Sabía que algo muy malo había sucedido", dice. "Mi hermano entró, y cautelosa y lentamente me contó que algunos hombres malos habían entrado al negocio y que ahora mi padre iba a estar en el cielo porque los hombres malos lo dispararon".

El sospechoso principal, un joven de 16 años llamado Justo Santos, huyó a la República Dominicana tras el tiroteo. Según Martínez, Santos cumplió una condena en la República Dominicana, pero después se enteró de que lo habían puesto en libertad. En 1988, el caso de su padre fue cerrado.

El padre de Joselyn Martínez, Jose.

Related from Vivala: One Latino Artist Who Is Taking a Stand Against Gun Violence

"Recuerdo mucha frustración", cuenta Martínez. "Ahora entiendo lo furiosa que estaba mi madre en ese entonces".

En 2006, después de terminar un ejercicio en el libro Coach Yourself to Success, Martínez decidió hacer algo con respecto a la muerte de su padre.

"Voy a encontrar a este tipo y va a pagar por lo que ha hecho a mi padre", recuerda haber pensado.

La necesidad de hallar a la persona responsable por la muerte de su padre se sentía como una fuerza.

"Era algo que casi no me dejaba vivir porque siempre me perseguía", cuenta. "Podía estar disfrutando de algo y de repente pensaba: '¿De verdad vas a dejar las cosas como están?' ".

Tras años de visitas con agentes de policía y largas noches haciendo búsquedas agotadoras en Internet, Martínez finalmente encontró a un hombre en Miami cuyo nombre y fecha de nacimiento coincidían con los del caso. Sus ojos se agrandaron. No podía respirar.

Después un juez desestimó una acusación de asesinato contra Santos porque se había violado su derecho a un juicio rápido, según The New York Times. Sin embargo, después se consiguió que se le imputara en Miami por dar información falsa para obtener la ciudadanía y un pasaporte.

Martínez dijo que toda esta dura experiencia había provocado muchas emociones diferentes y describió su infancia sin su padre como un "vacío aterrador".

"Usualmente tengo una sensación de vacío en mi estómago. Era algo que no podía entender. No me di cuenta hasta recientemente que una parte de mí creía que de alguna forma iba a volver", explicó. "Hace dos años cuando encontré al asesino.... me molestó el hecho de que encontré a alguien porque eso significaba que en realidad ocurrió".

Según lo ve Martínez, el derecho de portar armas se ha convertido en el derecho de matar en este país.

"El derecho de portar armas no fue creado para matar a quienquiera. Es una locura", afirma Martínez. "Mi padre tenía una pistola con un permiso, como debe ser. El joven que tenía la pistola, tenía 16 años — si estás andando con una pistola a los 16 años, estás buscando problemas".

La muerte de José afectó profundamente a toda la familia, incluyendo a su media hermana Rafaela Martínez.

"Fue un hermano ejemplar, un humanitario", dice la señora de 60 años, con una voz llena de luto aun después de tantos años. "Sé que Papá Dios lo debe de tener en un buen lugar porque era un buen hermano — ese hombre quien lo mató no sabe lo que nos quitó. Nos quitó una parte de nosotros mismos".